Aunque como ya se ha mencionado, existe un punto de inflexión personificado en
Sevilla en
Vicente Gómez Zarzuela y en la saga de los Font; en otros lugares de
España como Cartagena,
Madrid e incluso
Canarias, donde, en la ciudad de
Las Palmas de Gran Canaria,
Santiago Tejera Ossavarry, compone la marcha titulada «La Espada del Dolor»; se continuaba componiendo siguiendo estrictamente la estética establecida por la marcha fúnebre, es decir, haciendo caso omiso a lo establecido por «Virgen del Valle». Es en este momento cuando el género comienza a desarrollarse, adquiriendo personalidad propia, y haciendo que las bandas militares se constituyan como referente en este estilo musical.
Banda Primitiva de Llíria en el Palau de la Música de
Valencia.
Los años veinte serían testigos de la aparición de la revista musical
Harmonía, fundada por el empresario y músico guipuzcoano
Mariano San Miguel Urcelay, y autor de dos piezas que dejarían clara la maestría de su autor, «
Mektub», compuesta en
1925, y «El héroe muerto», que data de
1929. A su revista acudirían a enriquecer sus repertorios las bandas, surtiéndose de piezas famosas y desconocidas.
Es en este momento, 1929, cuando surge una de las marchas que hoy por hoy goza de mayor popularidad. Se trata de «Rocío», marcha que aunque no puede ser calificada como original, fue compuesta por
Manuel Ruiz Vidriet, y dedicada a la
Virgen del Rocío de
Almonte, sirviéndose de una melodía mexicana, la canción «La peregrina», y de parte de una composición original de
Joaquín Turina Pérez, perteneciente a su poema sinfónico «La Procesión del Rocío».
De igual manera, en el primer tercio del siglo XX se produce un hecho verdaderamente curioso, la aparición de las primeras marchas para bandas de
cornetas y
tambores, y el surgimiento de los primeros poemas sinfónicos en forma de marchas fúnebres, dos aspectos diametralmente opuesto. wikipedia
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