En
1942 Los Hermanos Ábalos alcanzaron la fama en todo el país, al aparecer interpretando su
Carnavalito en la película
La Guerra Gaucha, dirigida por
Lucas Demare, con guión del tanguero
Homero Manzi —de origen santiagueño—, y
Ulyses Petit de Murat.
Como precursores de la música litoraleña se destacaron
Emilio Chamorro y
Osvaldo Sosa Cordero (Anahí,
Naranjerita), con actuaciones en Buenos Aires desde los
años veinte. El
Tata Chamorro fundó el conjunto Los Hijos de Corrientes en 1931, definido como «escuela chamamecera»,
[52] grabó discos para RCA Víctor desde 1935, y aparece en películas como
Cándida (1939),
Prisioneros de la tierra (1939) y
Tres hombres del río (1943). Sosa Cordero logró que su canción
Anahí fuera incorporada al repertorio escolar de todo el país en 1943 y grabó discos desde 1942 para el sello Odeón, con el conjunto Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos. En 1942
Ernesto Montiel e
Isaco Abitbol fundaron el legendario
Cuarteto Santa Ana, aún en actividad, y que fuera el primero en alcanzar un éxito masivo. En los años cuarenta alcanzaría un éxito de difusión el chamamé
Merceditas, interpretada por su autor,
Ramón Sixto Ríos; con el paso de los años se convertiría, junto a
Zamba de mi esperanza, en la canción más popular de la historia del folclore argentino.
[53]
El resurgimiento del folclore se manifestó también en la
música clásica, con la aparición de compositores que comenzaron a incorporar ritmos y tonalidades de origen nativo en sus obras. Dos de ellos, Carlos Guastavino y Alberto Ginastera expresaron dos grandes corrientes musicales frente al folclore: el primero encontrando en los ritmos folclóricos un medio para una relación más directa con el gran público; el segundo buscando en los ritmos folclóricos inspiración para experimentar con nuevas formas musicales. wikipedia
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