jueves, 9 de septiembre de 2010

Legado

A excepción de Les Préludes, ninguno de los poemas sinfónicos ha sido incluido en el repertorio habitual de las orquestas, aunque los críticos sugieren que merece la pena seguir escuchando los mejores de ellos —Prometheus, Hamlet y Orpheus—.[42] El musicólogo Hugh MacDonald afirma: «Aunque desiguales en cuanto a su alcance y logros, a veces apuntaban hacia desarrollos más modernos y sembraron las semillas de una rica cosecha de música en las dos generaciones siguientes».[2] Hablando del género mismo, MacDonald añade que, aunque el poema sinfónico está relacionado con la ópera en su estética, en la práctica la suplantaba a ella y a la música cantada hasta convertirse en «la evolución más sofisticada de la música programática en la historia del género».[74] El especialista en Liszt Humphrey Searle concuerda con MacDonald en lo esencial y afirma que el compositor «deseaba exponer las ideas filosóficas y humanistas que para él eran de la mayor importancia».[75] Estas ideas no estaban relacionadas únicamente con los problemas personales de Liszt como artista, sino que también coincidían con los problemas abordados por los pintores y escritores de la época. wikipedia

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